La crisis del papel en blanco

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La crisis del papel en blanco

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El arquitecto es creativo por naturaleza, sin embargo uno de los retos más grandes cuando fuimos estudiantes es aprender a desarrollar esa habilidad creativa. Hasta el arquitecto más experimentado tuvo que pasar por esta crisis en algún punto de su vida, ese momento en el que te pones frente al papel, tomas el lápiz y no sabes por donde comenzar. Un trazo o dos y luego lo vuelves a borrar, tienes muchas ideas en la mente pero no hallas como plasmarlas; es ese temido lapso en el que tu mente se bloquea al ver el papel en blanco.

Queda implícito que el desarrollo de todo proyecto debe estar fundamentado  por el planteamiento de programas de necesidades, estudios previos y análisis de sitio pero, existe una etapa clave del proceso de diseño a la hora  de materializar un concepto arquitectónico. Se puede tener bien definidas las pautas y los lineamientos que serán los preámbulos del proyecto, pero a la hora de plasmar gráficamente las ideas sobre un papel nos resulta a veces uno de los más grandes dolores de cabeza.

No hay mayor secreto que poner en práctica el método de falla y error para desarrollar nuestras habilidades gráficas. Como en todo, de los errores se aprende, se descartan posibilidades o se perfeccionan diseños. Un buen dibujo vale más que mil palabras y es que el ejercicio de la mano alzada permite expresar de una manera más aproximada la intención de quien proyecta. Ninguna máquina ni software sustituirán la esencia de un boceto que interprete el origen del diseño.

Sin duda, el primer trazo siempre será el más difícil, pero una vez agarrando el hilo, tus ideas tomarán sentido. Es una de las etapas más emocionantes del diseño arquitectónico. La práctica constante de dibujar nos ayuda a interpretar mejor nuestros pensamientos.

 

Mies Van der Rohe dibujando

FUENTE: enlacearquitectura


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